Tejiendo paz desde la cultura: El cierre del Pacto Tequendama

Hoy se realizó el evento de cierre del Pacto por la Paz, la Cultura y el Turismo del Tequendama en el Teatro Antonio Nariño de la Gobernación de Cundinamarca. Más de 300 niños, niñas, jóvenes, artistas, sabedores y representantes de procesos comunitarios se reunieron para celebrar un año de trabajo articulado entre instituciones, organizaciones culturales y los diez municipios de la provincia del Tequendama.

Este pacto, firmado en mayo de 2024, fue impulsado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes junto a los municipios de Anapoima, Anolaima, Apulo, Cachipay, Quipile, La Mesa, San Antonio del Tequendama, El Colegio, Tena y Viotá. Desde entonces, se consolidó como una hoja de ruta territorial para fortalecer el tejido social a través de la cultura, el arte y los saberes campesinos, en clave de paz y reconciliación.

Uno de los procesos más significativos fue la Escuela de Cultura Campesina (ESCAMA), desarrollada durante cuatro meses con el acompañamiento de diez formadores y más de 300 articulaciones comunitarias. Esta escuela itinerante visibilizó y reivindicó los saberes del campo como herramientas vivas para la transformación social. Fue un espacio de aprendizaje desde el encuentro intergeneracional, el diálogo horizontal y la memoria activa de las comunidades. Se realizaron más de 300 acompañamientos pedagógicos en veredas, corregimientos y cabeceras municipales, con el objetivo de reconocer a sabedores, cultores y procesos comunitarios existentes, resignificando lo campesino como saber vigente y transformador.

Además, en el marco del pacto se vincularon 124 agrupaciones a través del Banco de Iniciativas de Políticas Artísticas y Culturales. Se impulsaron circuitos turísticos basados en cocinas tradicionales, avistamiento de aves, rutas culturales y procesos de economía solidaria que conectan a las comunidades con su territorio y las posicionan como principales beneficiarias del desarrollo. Todo esto fue posible gracias al respaldo de la Asamblea Departamental y al compromiso de gobiernos locales que reconocen el arte y la cultura como ejes de desarrollo.

Rosario Vergara, referente del trabajo cultural comunitario, junto a otros líderes y lideresas de procesos culturales de la región, compartieron reflexiones profundas sobre el papel transformador de la cultura. En sus palabras, coincidieron en que la cultura no es un accesorio ni un tema transversal, sino un pilar del desarrollo colectivo y del significado profundo de la paz. Enfatizaron que la gobernanza cultural es una práctica que se construye desde el encuentro, el reconocimiento mutuo y la acción conjunta. Subrayó además que “la diferencia es la riqueza”, recordando que dialogar y cuidar las relaciones son actos concretos de paz.

Este proceso reafirma que cuando hay voluntad política, claridad territorial y compromiso institucional, la transformación es posible. La cultura se convierte en guía para el trabajo conjunto, en una hoja de ruta tejida con las voces de los pueblos, los relatos de las cocinas tradicionales, los recorridos de los circuitos dorados, los encuentros de saberes y la memoria campesina.

En un país atravesado por profundas brechas sociales, exclusión histórica y desigualdad estructural, fortalecer la cultura, las artes y los saberes es una urgencia social y política. Es una vía de reparación, de reconocimiento y de justicia. Allí donde se cultiva la cultura, se reconstruye el tejido social, se reactiva la palabra como herramienta de transformación, se resignifican los territorios y se dignifica la vida de las comunidades. La cultura no solo refleja lo que somos: abre horizontes sobre lo que podemos construir colectivamente.

En una región históricamente atravesada por tensiones sociales y desarticulación institucional, el Pacto Tequendama demostró que la voluntad política es una condición necesaria para que la cultura florezca en los territorios. La articulación entre ministerios, gobiernos locales, organizaciones comunitarias y agentes culturales permitió consolidar una hoja de ruta común, en la que la paz y el desarrollo no se construyen desde el centro, sino desde la escucha a los saberes locales. 

El Pacto Tequendama fue un ejemplo de cómo la cultura puede ser herramienta de reconciliación, de construcción social y de futuro. Como dijo la Ministra de Cultura,  en uno de los momentos más emotivos del encuentro: “La paz es la posibilidad de unir voces. Una cultura de paz no silencia, no olvida, pero elige perdonar.” 

La cultura es la vía más profunda y sostenible para sanar los territorios, porque la paz se construye cuando se escucha al otro y se reconoce el valor del pasado para proyectar el futuro.




Comentarios

Entradas populares